Como continuación al Modulo 1 de Kinesiología Aplicada, especialmente el Protocolo de Meerseman, realizamos la segunda parte del módulo el octubre pasado. En el primer módulo pudimos ver cómo es el testaje neuromuscular, y cómo el sistema nervioso es capaz de responder de forma positiva o negativa a distintos estímulos (detallado en una entrada previa del blog). Esto nos permitía saber, por ejemplo, si un problema es de origen descendente (de arriba abajo) o ascendente (de abajo a arriba). Esto quiere decir, que tras este primer módulo podíamos valorar si el motivo de consulta con el que acuden al centro quiropráctico era de origen oclusal (boca, mandíbula) y el resto de disfunciones son por tanto compensaciones; o saber si son de origen vertebral. Esta es una gran herramienta para poder trabajar con otros profesionales y ayudar con el mejor abordaje y recomendación para todo aquel que acuda al centro quiropráctico. Entender cómo las pequeñas interferencias del sistema nervioso pueden alterar toda la biomecánica del cuerpo.

De esta manera, en este segundo módulo pudimos aprender la relación más profunda entre el sistema estomatognático y la columna vertebral y la subluxación intraósea de la mandíbula y el efecto de la lengua. El hueso hioides tiene también un gran papel en la articulación temporomandibular (ATM); y por ende en la postura, la deglución y la obstrucción de las vías aéreas.

Con estos módulos, podemos saber si es necesaria la actuación de un odontólogo por ejemplo para la aplicación de un ortótico específico de reposición que apoye al cuidado quiropráctico. Los dientes posteriores entrarán en contacto con el ortótico, por ejemplo, previo a la deglución, preparando la deglución que ocurre aproximadamente 2000 veces al día, que debería darse con la posición correcta de la lengua en el paladar.

La articulación temporomandibular es una estructura crucial que conecta la mandíbula con el cráneo y está estrechamente relacionada con el sistema nervioso central a través de las vías trigeminales. Estas vías tienen una influencia directa sobre el núcleo mesencefálico del nervio trigémino, que está conectado con el núcleo vestibular, un centro clave en el mantenimiento del equilibrio postural, y por tanto la columna vertebral.

El cuerpo humano se mantiene erguido gracias al equilibrio entre todas sus estructuras. Cualquier alteración en un nivel influye en el resto del cuerpo. La mandíbula, al articularse con el cráneo a través de la ATM, es fundamental para mantener este equilibrio. Desajustes en la ATM pueden llevar a disfunciones en la columna vertebral y otras áreas del cuerpo, provocando síntomas diversos.

El sistema nervioso autónomo tiene una gran implicación en la relación mandíbula/cráneo y columna. Por ello, afecta al tono muscular, el sueño, la respiración, la respuesta al estrés y la salud bucal y craneofacial. Un gran implicado es el nervio vago; pudimos aprender su relación e importancia con la odontología, la respiración, el diafragma y la disfunción craneofacial.

Además, un aspecto importante que pudimos aprender es la importancia de un desarrollo del sistema nervioso adecuado en la población pediátrica, cómo distintas disrupciones de la infancia, factores respiratorios, bucales, etc. pueden afectar al desarrollo estructural de esta población, impidiendo su óptimo potencial en las edades de mayor neuroplasticidad. Si estos cambios no se producen de forma adecuada y el sistema nervioso se desarrolla bajo un patrón no correcto, puede tener un efecto a largo plazo en la adolescencia, y en la vida adulta. Por ello, es un aspecto fundamental realizar una evaluación en esta población, y aprovechar la gran capacidad de regeneración, integración y cambio tiene el sistema nervioso en la población de los y las más jóvenes.