¡Hola! Como ya sabéis en el Centro Quiropráctico estamos muy comprometidos con la formación continua, con mejorar los servicios y que los podáis beneficiaros lo más posible del ajuste quiropráctico.
Hace unos meses nos introdujimos en el mundo de la kinesiología aplicada, especialmente en lo que se conoce como el “método Meersseman”, en honor a su creador Jean-Pierre Meersseman.
Vamos a hacer una pequeña introducción a esta kinesiología aplicada y al método Meersseman.
El cuerpo humano está en constante desarrollo, la renovación de tejidos es continua, desde que nacemos hasta que nos hacemos adultos, pasamos por distintas fases, la infancia, adolescencia, etc. Y cada una de ella tiene sus cambios. Estos cambios, físicos y no físicos, son resultado de la adaptación del sistema nervioso, quien guía el proceso de cambio y remodelado continuo. Es lo que se conoce como neurodesarrollo y neuroplasticidad; ocurre a lo largo de toda la vida, pero visualmente se entiende mejor al pensar en los cambios que ocurren tanto en la adolescencia como en la senescencia; por ejemplo, el cambio del tono de voz cuando somos jóvenes, o el desgaste en las articulaciones, las canas cuando nos vamos haciendo mayores … Por ello, a lo largo de toda la vida es muy importante testar y evaluar el componente del neurodesarrollo.
No nacemos y ya estamos completamente desarrollados, sino que hasta la edad “adulta” se van generando cambios en nuestro organismo que nos permiten adaptarnos al medio. Cada cambio que generemos a lo largo de la vida afectará a nuestro sistema nervioso y a como este responderá de ese momento en adelante. Por ejemplo, la infancia/adolescencia es una etapa de la vida donde los cambios se integran mucho más rápido, gracias a la plasticidad. Todos sabemos que las personas sufrimos cambios más bruscos a nivel físico cuando somos jóvenes que adultos, y esto es debido a la plasticidad neuronal. La capacidad de adaptarse y cambiar del sistema nervioso es mayor cuanto más jóvenes somos, y sigue viva a lo largo de toda la vida, pero a menor velocidad. Por ello, la misma situación puede tardar menos en resolverse en un adolescente que en una persona de 70 años. Imaginad la consolidación de un hueso roto, por ejemplo, o la respuesta del cuerpo frente a una caída. Ambas personas saldrán airosas de la situación, pero en plazos de tiempo diferentes. Por ello, cuidando que el neurodesarrollo de los jóvenes sea mejor y menos traumático, generará mucha menos interferencia entre el sistema nervioso y el funcionamiento global del cuerpo. Un adecuado estado del sistema nervios permite evitar problemas cuando somos jóvenes y por ello disminuye su aparición en la edad adulta.
La quiropráctica de basa en la entrada de información al cerebro. Va mucho más allá de “músculos tensos y relajados, o huesos en su sitio”. El cerebro tiene que ser capaz de lidiar con toda la información que le llega. Cada pensamiento y acción empieza como una señal nerviosa entrante, y así el cerebro crea su propia realidad. La realidad postural que el cerebro tiene no siempre es exacta o precisa. La salud es la capacidad de resistir fuerzas externas; por ejemplo, poder caminar, movernos, es hacer frente a las fuerzas de la gravedad; pero las reacciones químicas que ocurren como consecuencia de nuestro metabolismo son fuerzas electromagnéticas que producen flujos de electrones, protones, distintas moléculas dentro y fuera de la célula; producidas por gradientes, cambios de presión… todo eso ocurre porque el cuerpo está constantemente “luchando” contra fuerzas externas.

Nuestra primera línea de defensa contra las fuerzas externas es la capacidad de detectarlas y nuestras reacciones para protegernos o hacer frente a agentes amenazantes/agresivos. De este modo, si permitimos que el sistema nervioso integre bien las señales que le llegan, será mucho más eficiente haciéndoles frente. Cada persona se ha desarrollado, ha tenido un neurodesarrollo distinto; cada persona vive distintas circunstancias que lo van moldeando, y en el proceso de desarrollo todo hace mella. Por eso, no todo el mundo que tenga la misma condición va a tener los mismos síntomas/sensaciones. Cada sistema nervioso integra estas señales de forma distinta. La quiropráctica nos permite que la neurología funcione, en muchas ocasiones, el problema con el que acuden al centro quiropráctico es una compensación derivada de otro problema inicial.
Reseteando el sistema nervioso mediante buscar la entrada que genera la interferencia, y eliminándola; dará lugar a quitar una capa del problema. La capa subyacente puede o no ser la original, y por eso cuando se comienza el plan de cuidado quiropráctico pasan por distintos síntomas conforme avanzan por la fase intensiva de cuidado; y al llegar a la fase de mantenimiento estas capas ya se han quitado, se han aclarado las interferencias. Pero esto no quiere decir que no haya que seguir chequeando el sistema nervioso, ya que como decíamos está en constante trabajo contra las fuerzas externas.
Con el testaje muscular, realizamos entrada al sistema nervioso, esto quiere decir, que enviamos información directa al sistema nervioso. Y en función de si esa información es buena o no, la respuesta muscular se verá fortalecida o inhibida.
El test de Meersseman precisamente nos permite saber con exactitud qué estímulos producen inhibición o facilitación (fortalecimiento) de las respuestas del sistema nervioso, por ello, con esta evaluación podemos “limpiar” las señales inadecuadas y permitir al cuerpo que funcione sólo con las que le permiten funcionar de manera adecuada, limitando el estrés al que se le somete al cuerpo. Este test hace además especial hincapié en como la mandíbula y la columna cervical influyen sobre el movimiento global del cuerpo, ya que la boca es uno de los lugares con más representación en la corteza cerebral, por ello la cantidad de información que el cerebro recibe de aquí es muy grande. Una adecuada función de la mandíbula y la columna repercutirá positivamente sobre el resto de los aspectos del cuerpo y su movimiento, y por ello sobre las compensaciones que presente. El test de Meersseman nos permite saber si el problema que el paciente trae es de origen descendente, de origen oclusal en la mandíbula, o de origen ascendente, no causado por la mandíbula y la oclusión. Así el progreso en el cuidado también se va guiando por distintos caminos, pero siempre con el mismo objetivo, restablecer un funcionamiento óptimo del sistema nervioso y que este integre lo mejor posible todos los cambios a los que le sometemos a lo largo de nuestra vida.